La ciudad consta de más de 40 iglesias por lo que era común encontrarte edificios magníficos pero antiguos dedicados al culto en cada esquina de la ciudad. Mis favoritos fueron sin duda la Catedral y la Casa do Raio, un palacio cuya fachada está decorada de azulejos portugueses de estilo rococo. Otra obra que no te puedes perder escondida en estas calles es el característico Arco do Porta Nova, la entrada a la ciudad en la antigüedad.
El Santuario de Bom Jesús do Monte. Este último situado en la cima de una colina, es uno de los sitios más turísticos pero que has de visitar, puedes subir en funicular como lo hice yo, o atreverte a subir por las escaleras en zigzag acompañadas de flores, fuentes y capillas (yo opté por ver esto bajando); Además en la cima te encontrarás con una vista panorámica de toda la ciudad, un pequeño lago donde alquilar barcas y otros escondites que parecen sacados de un cuento de hadas.




No hay comentarios:
Publicar un comentario