Es una ciudad muy tradicional, llena de templos y santuarios. Sin embargo su atractivo, a mi parecer, se esconde en el “Parque de Nara”. Un parque repleto de ciervos que corretean libres por su perímetro, estos son considerados animales sagrados y no debes acercarte a ellos si no se acercan a ti primero. Pero no te preocupes por que solo una minoría prefieren descansar bajo la sombra de un árbol o bebiendo agua en los riachuelos del parque. La mayoría de ciervos caminan como si fueran una persona más, interactúan con las personas y se dejan acariciar. Tienes permitido darles de comer unas galletas especiales que venden en todos los rincones del parque, y créeme que les gusta, por que en cuanto vean que tienes algo para darles de comer te perseguirán y juguetearán contigo.
En ese mismo parque al fondo se encuentra otra de las joyas de la ciudad y una de mis favoritas de todo Japón. Se trata de una reliquia escondida en el templo Todaiji, que esté a su vez es la estructura de madera más grande del mundo, y es una estatua a tamaño colosal de Buda echa en oro y bronce que mide unos 16 metros. Fue espectacular verlo en persona y a mi personalmente me dejó con la boca abierta.



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